ESPECIAL XINHUA | Pararse del lado del progreso humano es el camino correcto

En los últimos días han circulado en las redes sociales vídeos y fotografías de guardias fronterizos de Estados Unidos, quienes, vistiendo sombreros de vaquero y montando a caballo, golpearon a inmigrantes haitianos con un utensilio similar a un látigo a fin de expulsarlos de su territorio, situación que ha provocado gran revuelo en la comunidad internacional.

El incidente tuvo lugar en el pequeño pueblo texano de Del Río, fronterizo con México, y la mayoría de los deportados fueron inmigrantes haitianos que buscaban asilo en Estados Unidos (EE.UU.), por lo que los usuarios de redes sociales y medios de comunicación internacionales comentaron que las imágenes recuerdan el cruel abuso por parte del Ku Klux Klan (KKK) a los negros en la historia estadounidense.

Ante la situación, el primer ministro de Haití, Ariel Henry, criticó el 25 de septiembre ante Naciones Unidas (ONU) el trato a sus connacionales en la frontera sur de EE.UU., en coincidencia con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que señaló la violación al derecho internacional por el trato a los refugiados por parte de la nación norteamericana.

Sin embargo, esta no es la primera vez que esto ocurre, ya que es bien sabido que Estados Unidos tiene una larga historia de trato inhumano a los inmigrantes: en la era de Donald Trump, el país endureció su política sobre inmigración ilegal y un muro de separación a lo largo de la frontera con México ha separado a innumerables familias.

Posteriormente, aunque el actual presidente Joe Biden trató de mostrar su “moderación y tolerancia” sobre el tema, en repetidas ocasiones ha lanzado señales caóticas y falsas que han atraído a muchos inmigrantes.

Las estadísticas muestran que tan solo este año 1,32 millones de inmigrantes ilegales han sido arrestados en la frontera entre Estados Unidos y México, cifra que representa el nivel más alto en más de 20 años. Esta situación ha ocasionado que una gran cantidad de inmigrantes se reúnan en la frontera mexicana bajo condiciones de vida duras, además de sumar una gran presión a México.

Durante mucho tiempo, en temas como el bienestar del pueblo, los derechos humanos, la libertad e incluso la democracia, Estados Unidos se ha sentido superior a los demás países, aplicando siempre un doble estándar, siendo el claro ejemplo su papel de presumirse como el número uno en la lucha contra la enfermedad del nuevo coronavirus, pero la verdad es que siempre ignora el dicho de que la vida es lo más importante.

Según el medio estadounidense Bloomberg, Estados Unidos ocupó el primer puesto de su ranking mundial de lucha contra la pandemia, aunque la población estadounidense representa menos del 5 por ciento de la población mundial, mientras que el número de infecciones supuso más del 17 por ciento del total mundial y las muertes significaron más del 15 por ciento del total mundial.

Entonces, ¿de dónde viene este “número uno”? En 2020, cuando la pandemia estaba en su peor momento, la administración Trump repatrió a una gran cantidad de inmigrantes sin ninguna medida de prevención ante la COVID-19, empeorando aún más la situación de prevención y control del virus en los países de Centro y Suramérica, que ya se encuentran económicamente atrasados.

Estados Unidos tiene el mayor número de casos confirmados y muertes a causa de la COVID-19 en el mundo, la razón es que los “desastres provocados por el hombre” son mayores que los “desastres naturales”.

Aunque la enfermedad ha asolado al mundo, Estados Unidos ocultó la pandemia y minimizó su riesgo en la etapa inicial y, cuando se salió de control, encubrió sus errores, mintió, politizó la cuestión científica de la fuente del virus.

Estas acciones son evidencia de que el gobierno de Estados Unidos, a través de su manipulación politizada, es el principal culpable de su propia tragedia pandémica y de que la ética básica y el espíritu humanista de “la vida primero” están simplemente en manos de la consideración de los políticos estadounidenses.

Estados Unidos se presume como “guardián de los derechos humanos”, pero la verdad es que desconoce los derechos básicos de los inmigrantes: en su discurso en la Asamblea General de la ONU, el pasado 21 de septiembre, Biden afirmó que su país defenderá los derechos humanos, pero de hecho hay muchos casos de trato rudo a los inmigrantes en su territorio.

Tan solo en marzo pasado, el representante demócrata estadounidense, Henry Cuellar, publicó una impactante foto de un centro de detención de inmigrantes en Texas, que muestra a una gran cantidad de inmigrantes menores de edad durmiendo en el piso.

En tanto, para los inmigrantes haitianos que se reunieron recientemente en la frontera, Estados Unidos lanzó una deportación a gran escala, bloqueando el paso con cientos de camiones militares, enviando caballería contra ellos o llevándolos al lado mexicano.

El propio medio internacional Associated Press comentó que los argumentos de Biden ante la ONU están en marcado contraste con las prácticas brutales de los agentes en la frontera.

Aunque los países tienen derecho a controlar la entrada de extranjeros en sus territorios, se deben respetar los derechos humanos básicos de los refugiados, tal como lo señala la ACNUR, al sostener que la búsqueda de asilo es un “derecho humano básico” y los países pertinentes deben respetar este derecho.

Durante mucho tiempo, los inmigrantes hispanos han aportado gran cantidad de mano de obra barata a Estados Unidos y han hecho grandes contribuciones a su desarrollo económico y social; sin embargo, los políticos estadounidenses siempre utilizan la política de inmigración como una herramienta para la lucha política.

Los dos partidos estadounidense se culpan mutuamente y eluden sus responsabilidades en asuntos de inmigración, ponen los intereses personales de sus partidos por encima del humanitarismo y se involucran repetidamente en “política de veto” sobre inmigración.

De igual forma, EE. UU. siempre se ha promocionado como un “crisol de razas” que permite que inmigrantes de todos los rincones del mundo con diferentes culturas y creencias se “fundan” ahí, pero lo cierto es que en él se vive un racismo desenfrenado, siendo incluso esta problemática una existencia integral, sistemática y persistente que se ha convertido en un “feo veneno que plaga a la sociedad estadounidense”.

Muchos haitianos creen que las acciones de Washington contra los inmigrantes de su país se deben a la discriminación racial: para EE. UU. los haitianos son irrelevantes y así lo expresó Biden en una entrevista con la American Public Broadcasting Corporation, en 1994, cuando dijo que si Haití “se hunde silenciosamente en el Mar Caribe o se eleva 300 pies, no nos importa nada”.

Así es como repetidas tragedias que van desde George Floyd, un civil negro brutalmente “asesinado” por la policía blanca, hasta Nazario, un oficial negro que fue golpeado sin razón, recuerdan a la gente que en el Estados Unidos de hoy el racismo sigue estando generalizado y el “I can’t breathe” (no puedo respirar), la última frase emitida por Floyd mientras era asesinado, recuerda también que el sueño de la igualdad racial aún está fuera de alcance en dicha nación.

Estados Unidos se presume como “faro de la libertad y la democracia”, pero la verdad es que la situación estadounidense es caótica: el 6 de enero de este año, una gran cantidad de partidarios de Trump llegaron al Capitolio, en Washington D.C., y se enfrentaron con la policía dejando un saldo de cuatro personas muertas.

Entre otras cosas, esto permite que el mundo vea la otra cara de la política interna estadounidense y su llamada “democracia liberal”.

Los “caídos” del Capitolio hicieron que la “democracia estadounidense” cayera del “altar”, ya que este país se ha conocido desde hace mucho tiempo como la “ciudad en la colina” y “el faro del mundo” y los estadounidenses como “los elegidos de Dios” que siempre se encuentran en el llamado “terreno moral elevado”, guiando e incluso interviniendo en la “democracia y libertad” de otros países, pero de hecho su propio país es mucho más caótico de lo que se imaginaban.

Estados Unidos debe enfrentar la realidad, enfrentar los problemas del bienestar de su pueblo, ser siempre humilde, siempre comprensivo con el sufrimiento de la gente y preocuparse realmente por la vida y el bienestar del pueblo, por ello, sería bueno aconsejarles no decir una cosa y hacer la otra.

En este importante momento de solidaridad mundial y de lucha contra la COVID-19, Estados Unidos debe respetar los derechos más básicos, como el derecho a la vida y a la salud de las personas de todos los países, y debe también aunar esfuerzos con otros países del mundo para estar en el lado correcto de la historia. Pararse del lado del progreso humano es el camino correcto.  /CP

Cortesía: Xinhua