Cuando don Nicolás Maduro García, soñador militante del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), le propuso a la señora Teresa de Jesús Moros unirse en amor para conformar una familia común venezolana, no podría haber pensado jamás que entre sus cuatro futuros hijos, medio siglo más adelante, el único varón ocuparía la silla de mayor relevancia del país: la de Miraflores.

Aquel viernes 23 de noviembre de 1962 –aún con el aire impregnado del triunfo de la Revolución cubana con Fidel y el Che al frente, días de la Guerra Fría y su famosa crisis de los misiles–, se encendió el farito azul de la sala de parto donde vio luz por vez primera quien desde ayer es el nuevo presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela: Nicolás Maduro Moros.

Sus hermanas son María Teresa, Josefina, y Anita “Lala”. Ambos padres fallecidos.

COMO MAISANTA

En los días de la Revolución Restauradora Liberal, a mediados de 1899, el caudillo Cipriano Castro se hizo acompañar por un grupo de guerreros entre quienes andaba el capachero Faustino Moros, tío abuelo de Pablo Antonio Moros, padre a su vez de María Teresa de Jesús Moros, madre del presidente Nicolás, quien así se nos presenta con sangre guerrera y pasado revolucionario, haciendo recordar de alguna manera el vínculo que existió entre el legendario Maisanta y Hugo Chávez.

Años más tarde, el abuelo materno de Nicolás, como empleado del Ministerio de Obras Públicas (MOP), hubo de radicarse con su familia en Caracas, cerca de El Valle.

Para ese entonces, la hija de Pablo, María Teresa, conoció a Nicolás Maduro García, quien desde muy joven fue una referencia política y carta del Movimiento Electoral del Pueblo, MEP. Formaron el humilde hogar Maduro Moros, asentado cerca de la iglesia San Pedro de Los Chaguaramos, donde el día a día se sazonaba con política y justicia social.

Las discusiones, lecturas y propuestas giraban en torno a los problemas de esa sociedad de mediados del siglo XX.

PREDESTINADO

Sin la bulla que hoy generan internet y las redes sociales, rondaba en el ambiente de la década del sesenta la noticia de un brasileño llamado Edson Arantes Do Nascimento, un tal Pelé, que acababa de darle el segundo lauro universal a Brasil en el Mundial de Chile, del 30 de mayo al 17 de junio de ese mismo año. Y Olguita Antoneth logró la corona de Miss Venezuela.

Aquellos convulsionados años marcaron el despertar de generaciones que habían estado adormecidas bajo imposiciones y guerras. Los Beattles y la incipente salsa dura le daban ritmo al curioso capítulo de Rómulo Betancourt con su famoso: “… que se me quemen las manos si he tocado el erario nacional”. El 24 de junio de 1960, fue víctima de un atentado, y las únicas partes quemadas fueron las extensiones de sus brazos.

¿Casualidades o causalidades haber nacido entre fechas de relevancia nacional e internacional en esos agitados años 60? Quizás, designios de los predestinados

COMO TODO CHAMO

En sus días de muchacho, de El Valle a Los Chaguaramos y viceversa, Nicolás hizo exactamente lo que todos los jóvenes de los años 70 y 80. Por sus inquietudes musicales participó en un grupo de rock, aunque se sabe que le mueve el piso la clave de la salsa dura. Por eso vive guataqueando como un tambor cualquier superficie a la que le pueda sacar sonido, y multiplicando su canto de paz, como Frankie Dante y la Flamboyán: “Paz, no quiero guerra, queremos paz”.

Estudió en el Liceo José Ávalos de El Valle, donde fue dirigente de la Liga Socialista y se topó con amigos como José Khan, Juan Barreto, Pedro Montoya, entre otros. Siempre se mostró empático con los problemas del colectivo.

Sus días de estudio los compartía entre algunos matinés, juegos de baloncesto y beisbol, donde lució varios uniformes de la Organización Criollitos de Venezuela, alternándose entre el montículo y la esquina caliente.

Su primo Calixto Moros relata que “varias veces guataqueó con el Grupo Madera. Tocaba muy bien el bongó y las congas”. Quizás por ello su constante tarareo de Tin Marín de Alí Primera, en honor al grupo experimental, lamentablemente siniestrado en el río Orinoco en 1980. Andar con los “panitas” de los barrios San Andrés, Zamora, La Matanza y Bruzual fue clave para sensibilizarse más con temas como la exclusión y la desigualdad, penas que por edad e idiosincrasia se mitigaban con unas cuantas birritas o un anisito con limón, en el barrio, en la playa, en el Humboldt, o en el cine “El Miaíto”, que quedaba cerca de Los Bomberos de El Valle.

TRIBILÍN Y PLATANOTE

Como buen hijo de Chávez, matiza sus constantes análisis con chistes y bromas a su entorno, lo que abre las posibilidades de mayor confianza con sus allegados.

Así como al Comandante Eterno lo llamaron Tribilín, por todo lo ya conocido, a Nicolás Maduro, por su talla física, los compañeros del Metro lo recuerdan cariñosamente como el pana Platanote.

Se sabe que como hombre de equipo conformó un grupo de irreverentes entre quienes destacan Gustavo Luna, Kuennet Maita, Franklin Bordones y Ángel Rodríguez, con la visión de darle un vuelco a irregularidades que imperaban en la empresa transportista y asumir la dirigencia sindical.

La primera acción al lograr el objetivo fue renunciar al beneficio del día libre que les correspondía por contrato colectivo. “Debemos dar el ejemplo”. Y lo cumplió.

Estos viejos amigos le mandan un mensaje en broma: “El señor Vicente de las empanadas en La Paz te está esperando; el pana Jaime Deybis también te espera. Es que un día cualquiera Nicolás pidió unas empanadas, y a su colega Deybis le pidió unos tickets prestados para cumplir con su turno. ‘Ya te los repongo’, y en eso le avisaron que la Disip lo andaba buscando una vez más. Por ello se desapareció y todavía lo están esperando”.

HOMBRE DE FAMILIA

Nicolás Maduro Guerra es su hijo, de la unión con su exesposa Adriana Guerra. Tiene dos nietas, Paula y Sofía.

Nico, como conocen al hijo del Presidente, estudió música en Fe y Alegría de La Rinconada y ahora estudia Economía en la Unefa.

En sus días de lucha sindical en el Metro, conoció a la joven abogada que fungía como consultora jurídica del naciente Asutmetro, que sustituía a Sitrameca. Era Cilia Flores, con quien luego se casó y conforman un hogar de principios católicos.

FORMACIÓN PLENA

En sus días de formación ideológica y política para su crecimiento intelectual, Maduro estudió en la Escuela de Formación Política en La Habana, entre 1986 y 87. Allí conoció a Israel Silva Guarnizo, de la Juventud Comunista, quien recuerda que el joven Nicolás Maduro “era muy eufórico y radical desde el punto de vista de defender sus ideas. Ojalá logre seguir encausando toda esa lucha de defensa, de trabajar en función de los sectores más excluidos y que mejore las condiciones de los venezolanos”.

Al respecto, su pana del Metro, Gustavo Luna, agrega: “Su formación intelectual está directamente asociada a su lucha revolucionaria y de masas. Estudió a los clásicos del marxismo y analizó e interpretó la realidad venezolana a la luz de sus enseñanzas. Dotado de una extraordinaria capacidad de aprendizaje, ha sido simultáneamente autodidacta y dirigente instruido por años de participación y logros palpables en la política organizada, en la vida sindical, en la Liga Socialista y ahora en el PSUV. Por nuestra lucha, 10 veces fuimos despedidos y tuvieron que reengancharnos por decisiones de la Inspectoría del Trabajo y de los tribunales”. A ello se suma sus avances en francés que ha estado realizando en la Escuela de Altos Estudios Diplomáticos, Pedro Gual.

¿ENCHUFADO? ¡JAMÁS!

Desde los días de liderazgo sindical en el Metro, con su definida formación ético-política, organizaron una cruzada para la primera visita al Comandante Chávez, quien ya estaba preso en Yare. Allá compartieron varias palabras, le entregaron pisacorbatas, corbatas y botones por años de servicios en el Metro de Caracas, y por supuesto algunos libros, con los que tácitamente se sellaron pactos indisolubles por principio. De allí nace la relación del Padre al Hijo a la que tanto hace referencia el presidente Maduro.

Cuando salió Chávez de la cárcel, en 1994, un grupo de civiles, de todos los sectores, comprometidos con la nueva visión de país, al trote y sin garantía alguna, a manera de escoltas improvisados, acompañó al líder que los cautivó desde los días del Por Ahora. En ese grupo destacaba Nicolás Maduro, José Miguel Márquez y tantos otros entre quienes ahora aparece el nombre de Alirio Mendoza, alcalde de Los Teques y su esposa Marina. Todos los testimonios indican que de punta a punta, en todas las marchas, concentraciones y reuniones, quien siempre estuvo al lado del Comandante Supremo, fue Nicolás Maduro.

Es decir, que la escalada política del Presidente tiene una base en la lealtad y en la acción, porque desde que le comenzaron a confiar misiones las fue cumpliendo una a una y de manera satisfactoria para el estricto acto de revisión de Chávez. De autobusero a la Asamblea, a la Cancillería, a la vicepresidencia… a la Presidencia. ¿Quién lo niega?

20 DE MAYO DEL 93: NO OLVIDAR

Después de los intentos fallidos de Chávez el 4F y sus compañeros el 27N del 92, el pueblo fue despertando en torno a una misma causa: salir de Carlos Andrés Pérez de la Presidencia de la República.

Los sindicatos del magisterio, de los tribunales y del Metro, se encargaron de mantener la llama encendida en las calles. Nos relata el dirigente del PSUV Andrés Velásquez –el bueno–, antes de la Liga Socialista, que “a pesar de las persecuciones logramos reunirnos cerca de Capitolio. Recuerdo un tipo joven, alto, efusivo, pensante, acompañado del profesor y dirigente Francisco Mieres, su mentor. El joven era Nicolás Maduro. Mantuvimos las calles calientes hasta que el propio Congreso decidió ese histórico 20 de mayo de 1993, sacar a CAP de la Presidencia. El que más pujó y sirvió de líder de masas para ese triunfo del pueblo, casi desde el anonimato, por el incesante asedio de los cuerpos de seguridad, fue precisamente Maduro. Eso lo sabemos unos pocos. Que lo sepa todo el país, todo el mundo”.

HOMBRE DE LECTURA

Algo lo diferenciaba del resto de sus panas: su pasión por la lectura: El Libro Rojo de Mao, y El Estado y la Revolución de Lenín, además de textos sobre historia de Venezuela y los artículos de opinión referidos a temas de política, economía y petróleo forman parte del habitual menú con que alimenta su verbo y su conciencia.

Este venezolano de a pie, insigne comedor de guanábanas y tortas, creció aferrado a la lectura y transitó una larga etapa política en su Venezuela natal, a la cual le ofrece la paz y la libertad como parte del legado de Hugo Chávez.

Carrera en ascenso galopante

Dirigente estudiantil en los años 70 y 80, fundador del Nuevo Sindicato del Metro de Caracas, miembro de la Dirección Nacional del MBR 200 (1994-1997), fundador y coordinador nacional de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores, miembro fundador y director del Movimiento V República, diputado al Congreso Nacional elegido uninominalmente por El Valle-Coche, jefe de la Fracción Parlamentaria del Movimiento V República (hasta marzo 2001), candidato a la Asamblea Nacional Constituyente, presidente de la Comisión de Participación Ciudadana de la Asamblea Nacional Constituyente, diputado de la Asamblea Nacional elegido uninominalmente por el sector El Valle-Coche, presidente de la Comisión Permanente de Desarrollo Social Integral de la Asamblea Nacional, presidente de la Comisión Mixta que estudian la Iniciativa Legislativa para el Fomento del Empleo, coordinador del Equipo Parlamentario del Movimiento V República, coordinador del Bloque del Cambio Mayoritario de Asamblea Nacional. Electo presidente de la Asamblea Nacional para el periodo enero 2005-enero 2006, fue electo en forma nominal (MVR, MAS, PCV) por la Circunscripción N° 5 del Distrito Capital con 26.630 votos, lo que representa 65,86 por ciento del total. Después fue canciller, vicepresidente y presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Abril del 2002

“Nosotros le exigimos a los generales que secuestraron a Chávez que se lo devuelvan al pueblo”… Con esa sentencia, Nicolás Maduro lideró la masa de pueblo que agolpada a las puertas del Palacio de Miraflores reclamaba el retorno del Presidente Constitucional por el cual había votado cuatro años atrás. La gente, que bajó de los cerros, las clases medias, la Guardia de Honor; pueblo y milicia unidos pero sin coordinación palpable que enrumbara tanta fuerza junta. La historia, la vida y el momento de la Patria colocó al joven Nicolás Maduro para que con su ímpetu, con su moral, con su grito de libertad, con su mando estratégico, se atreviera a llamar al pueblo a mantenerse atento y a no abandonar. “Conminamos a quienes tenían preso a Chávez a que nos mostraran la supuesta renuncia del Presidente: Se cayó la careta golpista”. Junto al Gral. Jorge Luis García Carneiro, ese líder en ascenso, con brillo y voz propia, desde el lado civil reclamó a los desestabilizadores de entonces el regreso de Chávez.