La "rabo e' cochino", como es conocida la firma del presidente Hugo Chávez, y el rostro del presidente adornan el brazo izquierdo de Freddy Rodríguez, mientras que la rúbrica en color rojo y un corazón se observan en la nuca de su esposa, Karol Arellano.

Estos zulianos, son dos de las casi 400 personas que a escala mundial se han tatuado la firma del presidente venezolano, como símbolo de amor y lealtad al máximo líder de la Revolución Bolivariana.

"Esta es la misión Rabo e' cochino", dice en tono jocoso la pareja, a quienes sectores radicales de la oposición han tildado de fanáticos y oportunistas.

"Nos han dicho de todo, hasta que parecemos vacas marcadas, pero no hacemos caso a eso, este fue un acto de amor para quien nos dio todo de sí", señaló Arellano.

Arellano es educadora en Cabimas, y Rodríguez es trabajador de Petróleos de Venezuela y coordina los Círculos Bolivarianos de Cabimas. Ella se tatuó el 27 de febrero, en honor a ese día pero de 1989, cuando el pueblo se alzó en contra del "paquetazo neoliberal" de Carlos Andrés Pérez.

La pareja, unida desde hace 18 años, habían planificado tatuarse el mismo día, pero Rodríguez estaba en Caracas cuando la esposa plasmó en su piel la firma.

"El tatuador, Darwin Guerra, siempre tiene muchos clientes, y nos había apartado ese día para tatuarnos a ambos, pero yo me vine a Caracas y no pude", contó Rodríguez, quien decidió inmortalizar al Comandante en su brazo, un día después de su partida física.

Rodríguez acepta que le dolió un poco, pero dice con orgullo que solo haría a su piel, por alguien a quien admiró y admira, desde que era un joven de 18 años.

"Mi primer voto fue para Chávez, mi primera lucha social fue con Chávez, y este, mi primer tatuaje es para Chávez y por Chávez".

Para Arellano, el dolor de las incesantes agujas no fue nada, comparado con lo que significan los malestares de una enfermedad como el cáncer.

"Mientras me tatuaba, sólo pensaba en el dolor de mi Presidente, en los tratamientos, en la inyecciones (...) esto no es nada al lado de eso", dijo.

Rodríguez y Arellano viajaron ayer a Caracas para rendirle honores al comandante Chávez y para acompañarlo en su traslado al Cuartel 4 de Febrero, en la parroquia 23 de Enero.

Al llegar a la Academia Militar, en Fuerte Tiuna, donde reposa Chávez, se conmovieron al ver a tantas personas, sin distinción de edad, esperando durante horas para jurarle lealtad.

"Hay personas de la tercera edad, con discapacidad, pero ese gran amor las motiva y les da fortaleza", apuntó afligida la joven.

El momento de entrada a la capilla ardiente, fue emotivo, pero Arellano tuvo la oportunidad de ser consolada por una de las hijas del Comandante, María Gabriela Chávez.

"Yo le pregunté al teniente (Juan) Escalona -ayudante del presidente- si podía abrazar a Gabi, y ella accedió (...) en lugar de darle ánimos yo, ella me dio fuerza a mí (...) fue como abrazar a Chávez", refirió Arellano.

Cuando hablan del Presidente, bajan la mirada, pero inmediatamente sus rostros se ilumina al recordar que tienen la satisfacción de que Chávez viera el tatuaje de Arellano.

"Apenas se hizo el tatuaje yo le envié un mensaje en Twitter a María Gabriela, y ella respondió 'Bella, papi la vio, se echó a reír y dijo: 'aprobado y en marcha', como decía el Presidente cuando avalaba los innumerables proyectos que han ayudado tanto al pueblo", indicó Rodríguez.

La pareja comentó que muchas personas les dicen que más adelante, se arrepentirán de haber impreso para siempre en su piel la firma de Chávez, a lo que ambos responden: "Estamos bien claros de lo que somos: chavistas hasta la médula, y en la eternidad seremos sus fieles soldados revolucionarios".