No todos los diablos danzantes de Venezuela son de Yare (Miranda), y no todos se visten de rojo.Pero las 11 cofradías de Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela que existen en el territorio nacional (que reúnen a más de 5 mil personas) tienen un punto en común: están a punto de ser reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Este organismo ya dio un primer paso en octubre pasado (al aceptar la inscripción de los diablos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad), y solo se está a la espera del veredicto que debe dar el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que se reunirá del 3 al 7 de diciembre de 2012. El 5 de diciembre será anunciada la lista de nuevos patrimonios.

En el habitualmente tranquilo Centro de la Diversidad Cultural (CDC) hay una calmada agitación: los trajes con los que los Diablos danzarán en Francia, las máscaras y objetos con los que mostrarán siglos de tradición son embalados y guardados en los envases que el viceministro de Identidad y Diversidad Cultural y presidente del CDC, Benito Irady, trasladó hasta la nación gala.

UNA DÉCADA DE LUCHA

Casi convertido él mismo en un patrimonio nacional luego de tantos años dedicados a la cultura y a la recuperación de la memoria patria, Irady relata que la batalla por el reconocimiento de los Diablos Danzantes de Corpus Christi comenzó en el año 2002. “El Instituto de Patrimonio Cultural comenzó a trabajar un primer expediente, pero luego que se introdujo ante la Unesco ese expediente no tuvo éxito”, ya que se debían sustentar mejor algunos aspectos; por ejemplo, que esta expresión “tiene un amplio reconocimiento de su comunidad”.

El viceministro recordó que en 2008 y en 2012 “nuestro gobierno ingresa al Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco”, que se reúne anualmente y que lleva adelante las candidaturas para patrimonio.

Dos cosas coincidieron: Venezuela era uno de los pocos países “que no tenía ninguna declaratoria”, y los mismos Diablos Danzantes hablaron con el entonces vicepresidente Ejecutivo y hoy candidato a la gobernación del estado Miranda, Elías Jaua, para que se retomara la postulación. “En 2009 lo asumimos en el Centro de la Diversidad Cultural”, relata Irady.

DESDE EL SIGLO XVII

Los diablos danzantes aparecieron en Venezuela, según los documentos históricos, en el siglo XVII en las haciendas del estado Aragua. También “se asegura que fue así en el estado Vargas”, comenta.

Hasta el día de hoy se mantienen con “una manera natural de organización social”, de generación en generación. Es la propia hermandad la que va a garantizar que las costumbres se mantengan, ratifica.

Aunque para la mayoría de la población los únicos diablos danzantes venezolanos son los de Yare, la realidad es que son 11 las cofradías activas: las de Naiguatá (Vargas); Yare (Miranda); Puerto Cabello y Patanemo (Carabobo); Turiamo, Cata, Cuyagua, Ocumare de la Costa y Chuao (Aragua); Tinaquillo (Cojedes) y San Rafael de Orituco (Guárico).

Detrás de cada una hay una historia. El régimen de Marcos Pérez Jiménez convirtió a Turiamo en una base militar; las familias que allí estaban se ubicaron en un barrio de Maracay llamado 23 de Enero, y pese al cambio geográfico mantuvieron la tradición.

El rojo no es necesariamente el color que identifica a las cofradías. Y ni siquiera era la tonalidad de los famosos hombres de Yare. Irady rememora que, en 1947, se efectuó la Fiesta de la Tradición en el Nuevo Circo de Caracas; en esa época los diablos usaban un liquiliqui sobre el cual dibujaban. Pero al llegar a Caracas “Juan Liscano les compró tela roja” para unos nuevos trajes, y finalmente ellos decidieron quedarse vestidos de rojo.

Detrás de cada indumentaria hay una historia. Los diablos de Naiguatá trabajan directamente sus telas; otros añaden elementos a sus vestuarios, detalla el viceministro. Los de Tinaquillo ponen pedrería. Algunas cofradías estrenan traje cada año; otras no lo hacen así.

Las máscaras son diferentes, porque “cada uno tiene su manera de crearlas”, expresa. En ciertos casos se emplea alambre. Las danzas no son las mismas para las 11 cofradías; unos no le dan la espalda al Santísimo. En Tinaquillo bailan mujeres y hombres; también en Aragua, donde son conocidas como las Sayonas.

-¿Una expresión cultural como la de los diablos es única en América Latina?

-No conocemos una que tenga tanta presencia en cuanto a número de manifestantes y en cuanto a las diversas formas como se expresan. Tenemos referencias de algunas manifestaciones como los diablillos en Panamá, pero no hay una similar a la nuestra en otra región.

EXAMEN CASI APROBADO

Para “pasar el examen” de la Unesco se debe demostrar que los diablos son una manifestación única, que tiene el reconocimiento de la comunidad y que se transmite de generación en generación. También, que se demuestre que el Gobierno Bolivariano va a proteger ese hecho cultural; que la expresión esté inscrita en el catálogo del Patrimonio Cultural del país y que los colectivos participen en la elaboración del expediente que se lleva al organismo internacional. En este caso todos los requisitos se cumplen, sostiene Irady.

Con el patrocinio del Banco Central de Venezuela, la Cancillería y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, en poco más de una semana se hará una exposición en París acerca de los Diablos, con fotografías y textos. También se dictará una conferencia. Está previsto que viajen 24 personas de las cofradías, quienes darán detalles sobre sus trajes, sus máscaras y sus prácticas. También se llevará un video en el que se muestra la tradición desde 1947.

Una vez que se conozca el pronunciamiento de la Unesco -que se espera sea positivo para Venezuela- habrá fiesta en las regiones donde los diablos han luchado por mantenerse. El 9 de diciembre se proyecta una gran celebración en el Paseo Los Próceres.

Con la declaratoria, el Gobierno Nacional asume el compromiso de mantener actualizado, año tras año, el censo del patrimonio cultural venezolano, indica Irady. El CDC, por su parte, realizará talleres y elaborará registros audiovisuales, entre otras tareas que permitirán que dentro de un siglo se siga hablando de los Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela.

LA HISTORIA ESTÁ CONTADA SOBRE LOS ESTANTES

El depósito del Centro de la Diversidad Cultural (CDC) es lo más parecido a un cofre de tesoros. Allí, Milagros Ramírez, conservadora de la colección, intenta mantener en orden las piezas que datan de los años 40 del siglo XX y que recorren la memoria patria hasta el presente.

Ramírez relata que el material para la elaboración de las máscaras puede variar. En Ocumare se emplea alambre; en Cuyagua se utiliza malla metálica. En Naiguatá se adornan con flecos.

En el CDC hay un traje de diablo, procedente de Naiguatá, con dibujos hechos con marcadores y adornado con cencerros de bronce, y que Ramírez muestra con orgullo como ejemplo de lo que se hacía en el pasado. También hay ropa más reciente, hecha con pintura al frío, y un traje de Sayona del estado Aragua.

En la colección del centro hay casi 10 mil piezas de Venezuela y América Latina, con instrumentos musicales tan curiosos como un guitarrón chileno de 25 cuerdas. Y aunque es cierto que ya no cabe tanta historia en un espacio tan pequeño, lo cierto es que una vez que se entra al depósito no provoca salir.