Supongo que la siquiatría ha descrito la locura de decir o hacer cosas que obsesiva, estridente e inmediatamente se desmienten.

Propongo llamarlo Síndrome Yonofuí. Y hay los que soportan anularse ante quienes los desprecian. En este caso el desorden es más conocido y se llama masoquismo a secas.

Pero aquí hay un elemento que va más allá, o más acá, de la siquiatría: la economía política esa que está en los libros de Marx: las contradicciones de clase. El comportamiento reciente de David de Lima, William Ojeda y Herman Escarrá corresponde a un fenómeno sencillito: no van pal baile, es decir, la burguesía no los quiere, los desprecia, no los necesita. Imagino el escenario: un evento de la oposición al que la dirigencia está toda invitada. ¿Toda? ¿Invitan a los jefes de AD, Copei, Nuevo Tiempo, Bandera Roja, Causa R, etc.? No. Y, si se presentan, imagino la ley de hielo, el saludo displicente, si acaso, la reunión aparte, las excusas torpes, hasta la exclusión descarada y brutal.

Porque estos chicos de Primero Justicia son tan arrogantes como toscos. Sí hay algo peor que la soberbia y es la petulancia acompañada de borricada e ignorancia. (Eliminaré en lo adelante el lenguaje de género para referirme a la dirigencia de PJ porque allí no hay damas, no sé por qué).

Esos muchachos solo han accedido a lo que tienen a punta de billete y explotando las bobaliconas expectativas de ascenso social de algunos seres. Votar por Capriles es un medio barato y hasta gratuito de dar de comer a la ilusión de pertenecer a la alta burguesía, así vivas en un rancho del pico del cerro y sin Metro Cable. Listo, oligarca, aristócrata, alta burguesía, linaje, feudo y revista ¡Hola! Facilito.

Pero hay quienes se impacientan y no se calan la exclusión y los hemos visto últimamente saltar la talanquera para acá después de haberla saltado ha poco para allá, con harto ruido y furia. Embuste que les importaban los pobres. A los saltones solo les interesa el mando y como hallaron el flanco cerrado por la derecha lo buscaron por la izquierda. Y apenas vieron la ocasión calva de irse por la derecha, más cómoda, zuas los ves haciendo el ridículo enredados en el restaurante elegante, después de que educaron el gusto en el comedor universitario y en El Tropezón.