“La uribemanía de Uribe es tan febril que un día está en un foro mundial de businessmen, y al día siguiente dándoselas de macho Camacho y proclamándose victorioso en batallas que nunca libró".

La uribemanía hace estragos aquí y allá. El primer exponente de la uribemanía es Uribe. Resulta obvio que el señor es fanático de sí mismo y se considera el gran líder latinoamericano de entresiglos, un iluminado, una figura histórica. Se entiende por qué Hugo Chávez no le simpatiza.

La uribemanía de Uribe es tan febril que un día está en un foro mundial de businessmen, disertando sobre el éxito gerencial, y al día siguiente está en el vecindario, dándoselas de macho Camacho y proclamándose victorioso en batallas que no llegó a librar.

Uribe podría no interesarnos en absoluto, pues acá tenemos cínicos hasta para regalar. ¿Qué nos importa si da charlas sobre el uso de la motosierra como táctica de negociación?, ¿o si se vende como referencia moral cuando hasta el loro de su casa está preso por la narco-para-política? Pero la uribemanía tiene su brote acá. La admiración del ala disociada de la oposición por el colombiano demuestra que si hubiese perpetrado sus planes habría contado con una banda de colaboracionistas, aunque no para echar plomo, sino para justificar y legitimar -sentados en cómodos sets de televisión- la violación a nuestra soberanía.

La uribemanía local perturba a quien sea ligeramente nacionalista. Igualmente angustia al ala reflexiva de la oposición, no tanto por el tema patriótico, sino por las consecuencias que puede traer el ataque de sinceridad de la máxima figura internacional de la Mesa de la Unidad. Los que no sufren de encefalopatía espongiforme escuálida saben los riesgos que corren en plena campaña electoral con un Uribe desmelenado. Entienden que el tema es espinoso: una invasión al territorio venezolano (con la excusa de cazar guerrilleros, pero invasión al fin y al cabo). Además, temen que esté a un empujoncito, a una rabieta, de admitir que también metió su cuchara en el envío de paramilitares a Caracas en 2004. ¿Y si se deja arrebatar por su manía y canta también los planes que tiene con Leopoldo López para montar acá -como businessmen que son ambos- una franquicia de falsos positivos? ¡Huy!

El ala reflexiva está moviendo sus contactos a ver si consiguen a alguien que le haga a Uribe la pregunta célebre del rey del aterrizaje forzoso: "¿por qué no te callas?".

"El único que podría callarlo es el embajador de Estados Unidos, pero son los mismos gringos quienes lo mandan a hablar. Ellos quieren un evento extraordinario antes del 7 de octubre para cambiar el rumbo de la historia -me dice, en la plaza Morelos, un colombiano de esos que están aquí huyendo del poder negociador de la motosierra. Ya que en estos momentos no hay condiciones para una invasión real, Uribe protagoniza, en el pasado, una invasión imaginaria".